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Serpiente de Coral (Micrurus pyrrhocryptus) Santo Domingo

La “serpiente de coral” es denominada de esa manera por la coloración rojo brillante de los anillos que adornan su cuerpo, similar al roja de los corales marinos utilizados en joyería. La serpiente de coral chaqueña también es conocida como serpiente de tres colores en Córdoba y serpiente de mil colores en La Rioja.

Hábitat

En nuestro país se la encuentra en el norte y centro, al oeste del río Paraná y hasta la provincia de Río Negro, cerca de los 40º S de latitud.

La serpiente de coral chaqueña habita principalmente en bosques, y en praderas y montes arbustivos, aún en regiones semiáridas. También puede ser encontrado en zonas pantanosas.

Al igual que la serpiente de coral de tres colores, es de hábitos terrestres y nocturnos; pasa la mayor parte del día en cavidades del suelo y debajo de grandes rocas, y de noche se desplaza entre las hojas caídas de los árboles y los matorrales.

Yararà o vìbora de la cruz – Bothrops alternatus – El Churqui, Dpto. Jimenez

YARARA-2

Yararà o vìbora de la cruz

De las víboras venenosas que habitan en el país es la que mayor cantidad de accidentes provoca. Es de color amarronado o grisáceo, pupila vertical, foseta loreal (órgano termosensible ubicado a ambos lados del hocico, entre el ojo y la nariz), y manchas arriñonadas (en medialuna o cuadrangulares). Aunque hay variaciones como la yarará crucera (o de la cruz), que mide unos 150 cm y presenta sobre la cabeza líneas formando una cruz blanca; la yarará chica es similar a la descripta pero un tanto mas pequeña; y la yarará ñata es de hocico respingado y vientre amarillo con manchas marrones.

En todos los casos los dientes inoculadores son solenoglifos (retráctiles, guardados dentro de vainas mucosas), y parecen dos agujas hipodérmicas.
Los accidentes que producen pueden ser mortales, ya que el veneno es:

de acción proteolítica(destruye tejidos).

coagulante (provoca hasta incoagulabilidad sanguínea).

hemorrágica (por lesión de vasos sanguíneos).
Actividad

La yarará sale a cazar cuando cae la tarde, que es la hora en la que abundan sus presas favoritas, los roedores -lauchas de campo, ratas conejo, ratas coloradas y cuises pampeanos-, a los que puede rastrear mediante su “olfato” y cuyo paso nocturno acecha.

Periódicamente la yarará se desnuda de su piel. La epidermis se desprende poco a poco, ayudada por movimientos especiales, y acaba por caer. El período de la muda suele ir seguido de un incremento en la actividad de caza; la yarará debe resarcirse del desgaste que implicó el cambio.

La yarará es, como todos los reptiles, poiquiloterma, o sea de temperatura variable, dependiente de la temperatura ambiental. La yarará, por sus hábitos crepusculares y nocturnos evita los rigores del. Durante el día permanece oculta en refugios naturales, debajo de piedras, en huecos y hendiduras. En algunas zonas templadas, donde el invierno es bastante riguroso, recurre a la hibernación, ese modo de suspender en una especie de largo sueño todas las actividades vitales, reduciendo la vida a sus umbrales más bajos para así resistir el invierno.

La yarará pasa esos largos meses de ayuno en algún escondrijo natural o bien en cuevas abandonadas a menudo por los roedores.

Biología general

La primavera desencadena el proceso reproductivo. La cópula está precedida de un complejo ritual de acercamiento, una especie de danza nupcial en la que macho y hembra se enfrentan, elevando el cuerpo, meciéndose y tocándose largamente.

La yarará, como algunas otras víboras, es ovovivíparas, es decir que su sistema de reproducción es una combinación de oviparismo y viviparismo. Los huevos contienen el alimento que necesita el embrión para desarrollarse y no hay ninguna conexión entre éste y la madre, a diferencia de lo que sucede en el caso de los vivíparos. Sin embargo, el desarrollo de ese embrión no ocurre fuera de la madre sino dentro de sus oviductos.

Como la permanencia en el interior del cuerpo de la madre los mantiene al abrigo de todo accidente o agresión externa, los embriones no necesitan la fuerte protección del cascarón y se desarrollan dentro de una membrana transparente.

La hembra da a luz un viborezno aproximadamente cada diez minutos, hasta completar un número de entre doce y dieciséis crías de alrededor de treinta centímetros de largo. Cada una nace envuelta en esa membrana transparente pero ya perfectamente formada, y rompe de inmediato la protección que la recubre. A los veinte minutos de nacer los viboreznos son capaces de desempeñarse solos. Sus colmillos ya contienen veneno, su actitud es agresiva y son muy capaces de cazar y engullir una presa pequeña.

Bio-ecología

Las presas más frecuentes de la yarará son los roedores, principalmente la laucha de campo, la rata conejo, la rata colorada y el cuis pampeano. Su principal depredador es la luta o mussurana, aunque también se menciona a los halcones y la cigüeña común.

(víboras, culebras, lagartijas), ranas, moluscos, cangrejos, insectos (mariposas, langostas, etc.) y una variada serie de peces de agua dulce. Se constituye así una dieta de amplio espectro, cuyos componentes varían de acuerdo con la disponibilidad de los mismos a lo largo del año o según las zonas.

Su futuro

La yarará es, sin duda, temible para el hombre, y sin embargo, sería un error considerarla su enemiga. Dentro de su ecosistema es una importante controladora de la población de los roedores, especies sumamente prolíficas que, sin esos adecuados controles naturales, acarrearían notables perjuicios a la vegetación en general y, particularmente, a la agricultura.

Boa de las vizcacheras “Lampalagua” (Boa Constrictor Occidentalis) – Huyamampa, Dpto. Banda

Boa de las viscacheras "Lampalagua" (Boa Constrictor Occidentalis)

Boa de las viscacheras "Lampalagua" (Boa Constrictor Occidentalis)

Caracteristicas:

Su cuerpo es marrón oscuro con figuras hexagonales más claras en el dorso. Los ejemplares adultos pueden medir 3 metros de largo y pesar 15 kilos. El cuerpo, macizo, sigue a una cabeza proporcionalmente pequeña y una cola corta y roma. Está recubierta de escamas, que son pequeñas en el dorso y mayores en el vientre.

Suele llamársela “lampalagua”, en aimará; “culebrón de la tierra” en Salta; “la familiar” en san Luis y La Pampa. Su nombre científico es “Boa constrictor occidentalis” (Philippi, 1873). Pertenece a la clase de los reptiles, orden squamata, suborden de las serpientes y familia boidae.

La boa de las vizcacheras reside en aquellos distritos que presentan un clima semiárido debido a una estación seca muy pronunciada, en los cuales la vegetación es boscosa y arbustiva. Por ello se la encuentra solamente en Bolivia, Paraguay y la Argentina. En nuestro país se la ubica en las provincias de Salta, Formosa, Chaco, Jujuy, Santiago del Estero, Tucumán, La Rioja, Catamarca, San Juan, Córdoba, Mendoza y San Luis.

Las pequeñas lampalaguas, a diferencia de sus progenitores, presentan una tonalidad más clara, con colores como el rosado y el rojizo. La hembra gesta entre 15 y 40 crías durante unos 5 meses; la camada nace en el otoño, entre marzo y mayo. Las crías suelen medir, al nacer, unos 40 centímetros de longitud.

Son varias las causas que se unen para el retroceso de la boa de las vizcacheras en su área de distribución: la destrucción de los bosques y arbustales chaqueños para la elaboración de carbón, postes y leña, así como para dar paso a la producción ganadera y cultivos de ocasión; y la actividad de la industria marroquinera, que emplea su piel de atractivos diseños y escamas pequeñas.

Lampalagua – Boa de las vizcacheras (Boa constrictor occidentalis) – Villa Ojo de Agua


Caracteristicas:

Hermosa boa sudamericana, de hasta 5 metros de longitud, subespecie de distribución más austral de la popular boa constrictora. Su área de dispersión comprende Bolivia, Paraguay y Argentina.

En nuestro país, se distribuye desde las provincias del norte hasta La Pampa. La coloración general varía entre el castaño claro y el gris oscuro, con grandes manchas ocelares ribeteadas de blanco en el dorso, a lo largo de la linea media del cuerpo.Serpiente adaptada a los ambientes áridos y semiários de la región chaqueña, la lampalagua es un componente importante de este ecosistema. Se alimenta de roedores como cuises, conejos del palo y vizcachas, a los que mata por constricción.Circunstancialmente captura aves, incluso gallinas. No es venenosa.Las hembras, ovovivíparas y de mayor tamaño que los machos, paren hasta 50 crías por camada.En Argentina, la especie está categorizada como Vulnerable, dada la modificación que sufren sus hábitats y la caza de que es objeto.